jueves, 9 de febrero de 2017

LAS LENGUAS DE TRAPO

Valentín era un calcetín. 
Un calcetín encerrado dentro de la cesta de la ropa para planchar, como un granito de arroz azul perdido en un paquete de lentejas pardinas. Era tanta la ropa acumulada que no era capaz de encontrar a su pareja gemela Sefine.
Intentaba girarse pero con tanta ropa era imposible...
- ¡Eh tú, para de moverte que me haces cosquillas en las costuras! - Decía el señor vaqueros.
- Perdona, es que no encuentro a Serafine, mi pareja calcetín.
- Estará en el cesto, al final, como la señora Chal - Dijo la señora camiseta.
- Yo ocó no lo voo. Dijo la señora Chal.
- No te entiendo, ¿Qué dices?
- Perdona, tenía una manga de la señora chaqueta cerrándome mi boquita prieta. Te decía que aquí no la veo.
- Gracias señora Chal. ¿Alguien ha visto a Serafine, mi pareja calcetín? 
Un silencio frío empezó a resonar dentro de la cesta de la ropa, como cuando ponían la plancha a demasiada temperatura y las prendas esperaban a que alguna fuese la primera en probarla. Valentín empezó a asustarse. 
- ¿Qué pasa?  ¿Por qué nadie dice nada? - dijo el pequeño calcetín. 
- Po.. Po... Podría ser.... El ladrón de la lavadora -  susurró la señora camisa.
- No asustes al pobre calcetín, señora camisa - dijo el señor calzoncillo. - Eso es solo una leyenda, chico, no le hagas ni caso.
- Ya, eso es lo que tú dices ¿No te acuerdas del señor guante marrón? Se quedó cien lavados en aquel cajón y después, desapareció.
- Pero... ¿Cuál es esa historia, señora camisa? Nunca la había escuchado.
- Bueno, eres muy nuevo, es normal. - Dijo el jersey gris de lana merina. 

Valentín nunca había escuchado hablar al viejo jersey, aunque sabía que era la prenda más anciana del armario. El jersey gris de lana gris carraspeó y comenzó a hablar:

"Dicen las leyendas indumentarias del vestuario que en cada casa, entre el cesto de la ropa sucia y el cesto de la ropa limpia, en ocasiones, un ladrón de prendas asalta la colada. Nunca nadie lo ha visto y ha regresado para contarlo. Lo que sí se sabe es que en ese camino desaparecen prendas, casi siempre las pequeñas y emparejadas. Hay algunos que dicen que ese ladrón antes era un leotardo que estaba celoso de su hermano gemelo, porque él era marrón y su hermano verde. Un día. decidió separarse de él y buscar su propio camino, pero lo que pasó es que sus dueña lo encerró en un cajón y lo usó como trapo para limpiar la suciedad de las ventanas, mientras que su hermano se convirtió en una guirnalda de una cometa. El leotardo marrón, muerto de envidia, decidió escaparse del cajón de los trapos y raptar prendas de ropa emparejadas hasta el fin de sus días."


El silencio volvió a la cesta de la ropa. Nadie decía nada. Todas las prendas se miraban unas a otras pero ninguna supo que decirle al pobre Valentín.
Poco a poco, las prendas fueron cambiando de sitio a medida que se iban cambiando y pasado el tiempo solo quedó el calcetín azul en el fondo de la cesta de la ropa cesta.

- ¿Qué será de mi? - Se preguntaba. - ¿Me quedaré sólo? ¿Seré pasto de la suciedad de los cristales de las ventanas?

Al pobre escarpín le asaltaban tantas dudas que por un momento su color azul vivo palideció.... Podía ver el cajón de las prendas olvidadas en el mueble negro que tenía enfrente y al mirarlo, una corriente fría y húmeda recorría entre sus hilos haciendo que el calcetín se retorciese, dándose la vuelta. Allí se quedó, escondido, mirándose a sí mismo, sin querer ver más posibilidades que sus miedos.

Unas coladas más tarde,  una mano suave y pequeña sacó a Valentín de la cesta. Lo colocó sobre una mesa de madera, lo desenrolló con mucho cuidado y lo extendió de puntera a talón. Le colocó unos trozos de fieltro negro a la altura de su puño, dos piezas de cuero marrón en su pierna, una serpentina amarilla encima de la puntera, una capa de tela azul oscuro que le cubría toda la planta y en su empeine, le colocó con mucho cuidado dos botones de color blanco y un poco mas abajo, otro trozo de fieltro rojo. Valentín no sabía que estaba pasando, pero era consciente de que algo en él estaba cambiando.

- ¿Ves? Ahora ya tenemos un nuevo actor para la obra, ahora sólo tenemos que buscarle un nombre - sonó una voz dulce y pausada.

- Es... es... ¡Perfecto! - respondió otra voz más aguda y alocada. - Le llamaremos el Príncipe Valentín.

Una mano pequeña se abrazó a Valentín y lo giró bruscamente.

- ¿Cómo te ves? - Preguntó la voz aguda.

Valentín abrió los ojos y contempló su nuevo aspecto. Ya no era ese calcetín azul triste de la cesta de la ropa seca. Se había convertido en un actor calcetín. Había oído hablar de ellos una vez. Son prendas de ropa afortunadas que por el destino pasan a formar parte de una compañía de artistas que trabaja en los seis continentes escolares, hacen funciones para niños y niñas que con ellos reían, se emocionaban, jugaban y cantaban. Mientras lo llevaban a su nueva y lujosa casa, un baúl último modelo adornado con tiradores dorados, Valentín no dejaba de preguntarse porqué él había conseguido llegar dónde todas las prendas quieren sin ni siquiera desearlo.

Ya en sus nuevos aposentos, a oscuras, comentó en alto:
- ¿Por qué yo?
- Alguien les habló de ti - comentó una voz

Una luz fluorescente se agitó iluminando la estancia.

- ¿O pensabas que te iba a dejar solo? - Volvió a hablar la voz.

Valentín se giró y tras acostumbrarse a la claridad vio como un rostro familiar se dibujaba entre las sombras.

- ¡Serafine, Serafine, estás viva! ¡No te ha atacado el ladrón de la colada! ¡No eres un esclavo limpiador de ventanas sucias! ¡Viva, viva!

- ¿Pero qué estás diciendo? Lo único que pasó es que la compañía necesitaba dos nuevos actores para las nuevas obras y por suerte nos eligieron, pero en el camino te perdiste y la compañía tardó en encontrarte, pero al final, tras muchos esfuerzos, ya estás aquí.

- Pero las otras prendas me dijeron otra cosa, me dijeron que te habían raptado, que ibas a ser un trozo de tela vieja, me dijeron que ibas a servir para comer la suciedad, me dijeron que me iba a quedar solo, me dijeron, me dijeron....

- Nada de eso es cierto mi querido Valentín. Lo único que ha pasado es que en lugar de creer en ti mismo, buscar las pistas para llegar a la verdad, te has encerrado en ti mismo y sólo has escuchado lo que decían las lenguas de trapo.


lunes, 11 de abril de 2016

LA MANZANA DEL DESTINO

¡Maldita sea! 

¿Por qué las manzanas tenemos que decidir siempre el destino de los hombres?

¿Estaré a punto de morir? Ahora mismo recuerdo cuando no era más que un brote en el manzano y mis hermanas me contaban historias de nuestros antepasados. Historias como aquella que cuenta cómo una de las nuestras decidió que los hombres tuviesen que abandonar el paraíso, porque no hacían nada útil para nadie, solo molestar a aquellos que lo habitábamos. Solo necesitó contonearse de un modo sutil delante de aquella mujer, y su destino se les vino encima.

O aquella otra de mi prima, la cual, después de una tarde escuchando divagaciones sin sentido de aquel hombre, Isaac, decidió arrojarse contra aquella cabeza hueca a la que posteriormente nombraron como genio. Todo para explicar algo que las manzanas ya sabíamos desde siempre, que existe una fuerza que se llama gravedad, que hace que todos los cuerpos se sientan atraídos por la tierra.

Los hombres en su historia no han sabido reconocer nuestro valor en su camino por la tierra, menospreciando el papel de una simple fruta, según ellos, en sus leyendas y cuentos. Todos recuerdan la historia de Blancanieves, pero pocos saben que fue la manzana la que decidió no meterse dentro de la garganta de la chica y cuando el príncipe la besó, salir disparada hacia el exterior. La manzana le salvó la vida a la muchacha, no la magia ni el beso.

Y aquí estoy yo. Encima de una cabeza. 
Para que un hombre me atraviese o no con su ballesta, y así decidir si el hombre muere o no. Aún encima si falla, su hijo puede morir…. ¿Qué debo hacer? ¿Debo sacrificarme por los humanos? ¿Es ese mi destino? ¿Seré recordada? 

En estos momentos me vienen a mi dulce cabeza el futuro de mis descendientes…. ¿Quién sabe? A lo mejor, dentro de muchos años, una manzana hará que los humanos den un paso más en su historia, a lo mejor una manzana puede ser el símbolo de una nueva era tecnológica en la que todos ellos estén más cerca unos de otros y no aislados como hasta ahora.

Ha llegado el momento, estoy tranquila. Si ese es mi destino, sacrificarme para que los hombres luchen por su libertad, como manzana que soy lo asumiré sin miedo, como todas las manzanas que, cada día, deciden vuestros destinos, hombres de carne y hueso.

¡Soy una manzana del destino!

¡Abajo la tiranía! ¡Viva la revolución! 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

INÉS COGIÓ EL LÁPIZ

Sentada a la mesa, atenta, sin poder casi ni pestañear y con la boca abierta, embobada, durante tanto tiempo que a veces la lengua se le quedaba tan seca que tenía que ir corriendo a por un vaso enorme de agua y bebérselo del tirón. Inés miraba fijamente cada tarde como su hermano mayor cogía la libreta del cajón de la mesa, abría el armario de cristales de la cocina y sacaba con cuidado la caja metálica verde y dorada, la misma que una vez, hace mucho tiempo, había guardado las galletas de pasas que la abuela preparaba. En ella, se escondían las herramientas que Inés deseaba aprender a usar, aquellas que su hermano empleaba para crear los mundos que la pequeña niña le pedía cada tarde.

- Hermanito, me haces una princesa? ¿Y me haces un poney? ¿Y un pájaro bonito?

Cada tarde, sin faltar ni una sola, Carlitos dibujaba con esmero lo que la niña le decía y entre los dos, narradora y dibujante, creaban historias tan bonitas que si un escritor las conociese, seguro que intentaba robárselas.

Aunque Inés quería más, quería ser la que dibujase las historias, quería escribir ella los cuentos, quería crear mundos con sus manos, rellenarlos de color y poner a esa melodía de dibujos letra, su letra.

Pero ¿cómo hacerlo? Ella no sabía escribir. Había visto a su hermano hacerlo miles de veces, pero verlo no es lo mismo que hacerlo...
Quizás, si se lo pedía, a lo mejor Carlitos podría enseñarle....


Una tarde, la pequeña Inés se armó de valor y mirando a los ojos a su hermano mayor le dijo:
- ¡Hermanito, quiero aprender a escribir como tú! ¿Me enseñas porfaaaaa?
Carlitos, que estaba afilando los lápices de colores se quedó quieto. Levantó la cabeza con los ojos muy abiertos y respondió:
- ¿Lo dices en serio?
- Si, muy en serio. Me gusta que hagamos los cuentos entre los dos, pero quiero hacer más. Así tú podrías pasar más tiempo en las cosas que te gustan, no conmigo.
- A mí también me gusta estar contigo enana, pero creo que ha llegado la hora de que empieces a escribir sola.
- Y eso... ¿Cómo se hace?
- Pasito a pasito Inés, pasito a pasito.


La niña, siguiendo lo que su hermano le decía, cogió el lápiz suavemente y empezó a crear su historia.


" Érase una vez, una niña alta y delgada, que salió contenta de la peluquería recién peinada, con un precioso flequillo y su larga coleta.

Inquieta, la niña alta atravesó por un precioso puente,  que se levantaba sobre un río con agua de mil colores

No sabía por qué razón pero al atravesarlo, sin saber cómo, decidió dar un rodeo, por debajo del puente...

Embarcándose en un camino sinuoso, un sendero que no sabía adónde la llevaría..."



Sin saberlo, pasito a pasito, se había adentrado hacia un viaje maravilloso, lleno de aventuras, de amores, de príncipes y princesas, de monstruos, de magos, de héroes y de heroínas, un camino que, una vez iniciado, nunca más podría dejar. El camino de escribir las historias que todo el mundo quiere escuchar.
Este cuento está dedicado a todos los que seguís queriendo aprender a hacer algo y hacer de eso un motivo para regalar algo a los demás. También quiero darle a Inés Rivas las gracias por prestarme su nombre para darle cuerpo a esta historia.

lunes, 15 de junio de 2015

MARÍA, LA CUENTATODO

María es una niña especial, una niña de 8 años castaña y de ojos marrones. A simple vista nadie diría que es una niña especial, pero lo es. Es tan extraordinaria como una vaca púrpura en medio de un prado amarillo.

Os estaréis preguntando ¿Y qué tiene de especial?

Os lo contaré. 
A María le encanta contar todo. Cuenta desde que se despierta hasta que se acuesta.

Cuenta el tiempo que le queda para que su mami la llame para desayunar, cuenta las galletas que están en su plato de desayuno, cuenta las veces que se cepilla el pelo antes de vestirse, cuenta los pasos que hay desde su casa hasta el colegio, cuenta cuantos compañeros hay en clase y cuantos faltan, cuenta  los guisantes que hay en el plato que le ponen a la hora de comer, cuenta sus muñecas, sus pelotas, sus piezas de puzzle y sus coches mientras juega, cuenta las veces que su papi llama a su hermano para que vaya a lavarse los dientes después de cenar, cuenta los cuentos que le cuentan antes de dormir y los besos que le dan y los que ella da y por supuesto, cuenta ovejas saltarinas antes de que empiece a soñar. Incluso hay noches que sueña que cuenta cosas.


Un día que no tenía colegio, mientras desayunaban en la mesa de la cocina, la madre de María le preguntó:

- María ¿cuánto nos quieres?

María se quedó callada, pensativa. Con lo que a ella le encantaba contar y nunca se había parado a pensar cuánto quería a sus padres y a su hermano. Sabía que era mucho, pero... ¿Cuánto era ese mucho?

No supo que contestar.

Podía decir 3, como las cucharadas de cacao que echaba en la taza de leche caliente del desayuno. Aunque pensándolo bien, la taza era muy pequeña. En el bote de cacao hay muchas más cucharadas.
Podía elegir 12, como los números que marca el reloj de la entrada. Aunque pensándolo bien, el reloj está en cada número dos veces para que pase un día.... ¿Cuántos 12 tendría que contar para llegar a 8 años?
Podía decir 54, como los peldaños de escaleras que hay desde el portal hasta la puerta de su casa. Aunque pensándolo mejor,  podría ser más, mucho más. Había más peldaños de escalera hasta los pisos de arriba, así que no escogió ese número.
Podía decir 432, como los pasos que hay desde la puerta de casa hasta la puerta del colegio, y son muchos... Aunque pensándolo mejor, ella iba caminando todos los días al colegio y no le costaba mucho, así que no serían tantos como el número que buscaba.


De pronto, un pensamiento entró de puntillas en la cabeza de María.
"Si no soy capaz de encontrar un número para saber cuánto quiero a mis padres y a mi hermano...." - Sus ojos se llenaron de lágrimas. - "... A lo mejor es que no los quiero".
Su madre, que aún estaba esperando una respuesta con una sonrisa pícara, cambió de repente de expresión, preocupada al ver a María llorar.
- "¿Qué te pasa princesa,  por qué lloras?

- Mamá, no consigo contar cuánto os quiero... ¿Quiere decir eso que no os quiero nada?

- No, no es eso princesita. Lo que pasa es que hay cosas que somos capaces de contar y hay cosas que no, porque son tan grandes que no hay números suficientes para describirlo. En la vida hay cosas que no se ven con los ojos, tienes que usar el corazón para verlas, para sentirlas. La bondad, el amor y la amistad, por ejemplo, no se ven, simplemente se sienten y se demuestran cada día.

- Entonces... Si alguien me pregunta algo que no puedo contar.... ¿Cómo lo cuento?

- Deja que el corazón te guíe y nunca te equivocarás. Si alguien me pregunta cuánto te quiero a ti, o a tu hermano, o a tu padre, yo no sabría encontrar las palabras, pero lo que siento hace que me preocupe por vosotros, quiera que estemos juntos, tenga ganas de besaros y abrazaros todo el rato... Y eso es así porque siento que, sin vosotros, no podría ser feliz. Y ahora... ¿Que harías tú para demostrarme cuánto me quieres?

María abrió los ojos y rió. - ¡Haría esto mami!

De un salto, se abalanzó sobre su madre tirándola al suelo, abrazándola con todas sus fuerzas y bombardeándola con besos.

- ¿Has visto María? Si dejas que tu corazón hable por ti nunca, nunca te equivocarás.


Las cosas realmente importantes de la vida no se pueden contar, pero eso no significa que sean poca cosa. Lo que nos rodea, lo que nos da energía, sólo se cuenta sintiendo. Ojalá que l@s contador@s de sentimientos se diesen cuenta de ello.

lunes, 25 de mayo de 2015

A DREAM COME TRUE



Standing, in front row, with his eyes open wide and unable to stop moving… Andy would give anything for being invisible and be able to cross the velvet rope, climb into the plane’s cockpit, turn it on, throttle and ride the air, feel the wind kissing his face, chasing the birds in their flight, going up and up until touch the sun.

But Andy was just a kid. What could he do?


He recalled the words of his father, who was beside him, holding his hand

If you want something with all your strength and you follow it, the universe will make it possible. I promise.

The boy clenched his fists, closed his eyes hoping his wish come true. He wished it so hard that everyone there, for a while, wished Andy could make his dream be real, like litten powder running towards the dynamite.

Andy could hear the litten powder’s sound burning faster and faster until…


BAAAAANG!!!!!!


The sound of fireworks exploding rumbled and the spectators turned back to see what was happening.

Then, Andy jumped the velvet rope and ran as fast as he could. His dream was waiting for him.



Espero que esta historia os ayude a comprender que, cuando deseas algo con todas tus fuerzas, el universo se las arregla para que se haga realidad.
Co-ganador del III International Literary Contest (Short-Stories based on Pictures) 

martes, 3 de marzo de 2015

LA HISTORIA DE POK


Erase una vez, hace muchos, muchísimos años, cuando la tierra aún estaba en pañales, en una era llamada Prehistoria, un cavernícola que se llamaba Pok.
Pok vivía sólo, siempre sólo, buscando las cuevas donde dormir, buscando animales para cazar, recogiendo fruta para comer y los sitios con agua para beber y pescar. Todo lo hacía sólo. Pok no tenía familia.

Un día, Pok llegó, bordeando la costa a unas montañas. Como era temprano, pensó que sería buena idea investigarlas, para buscar una cueva donde dormir esa noche. Muy despacio, escaló las montañas y divisó un grupo de cuevas. Desde donde estaba Pok, las cuevas parecían muy bonitas y espaciosas. Había muchas y estaban en dos sitios diferentes. Las que estaban más arriba eran 8, aunque al cavernícola no le llamaron la atención. Se fijó en las que estaban en la parte baja de la montaña.
De todas esas, Pok se interesó por una de ellas. Desde su posición podía ver que esa cueva era muy luminosa, tenía dos entradas protegidas del viento y la lluvia. Pero Pok se dio cuenta de una cosa, allí vivía una tribu de cavernícolas.

Pok tuvo miedo, porque nunca había hablado nunca con nadie. Desde su escondite, los observó con mucho cuidado, los contó, uno a uno, hasta llegar a 25. Eran 15 niños y 10 niñas.
Desde su escondite, el pequeño cavernícola se sentía seguro, observando a la tribu sin ser visto. De repente, escuchó una voz a su espalda:

- ¿Quién eres tú?
Pok se quedó helado. Se giró y descubrió una cavernícola que le miraba fijamente.
- Hola, me llamo Julik. ¿Y tú?
- Me, me, me… lla llamo Pok... - Titubeó el chico.
- Eres muy gracioso ¡jajajajaja! Ven, te presentaré a los míos.- Dijo Julik

La cavernícola agarró a Pok del brazo y lo arrastró en dirección a la cueva. Al llegar allí, Julik le empezó a contar la historia de la tribu, sus labores del día a día y en cómo se organizaban.
Los miembros de la tribu estaban divididos en grupos y cada uno de ellos hacían tareas diferentes.

Estaban los exploradores, que se ocupaban de vigilar el terreno y las manadas de animales para la caza. Pok aprendió de ellos a seguir los rastros de los animales y a dibujar mapas para luego poder encontrar diferentes cosas que la tribu escondía para épocas de necesidad. Pok les enseñó a saber cuándo iba a llover y cuando iba a hacer sol, y a encerrar a los animales menos peligrosos para poder cuidar luego de ellos.
En agradecimiento, los exploradores le regalaron a Pok semillas de una hierba que cultivaban, que servía para curar heridas y como aderezo de carnes.

También estaban los cazadores, los pescadores y los recolectores, que se encargaban de conseguir alimento para toda la tribu. Pok aprendió de ellos a organizar una partida de caza, a separar la piel de la carne y a usar la caña de pescar. Pok les enseñó a curtir las pieles para que durasen más tiempo, a tejer una red de pesca para conseguir más peces del río. 
Este grupo le regaló a Pok las semillas de la fruta que más le gustaba a la tribu, ideal para acompañar el pescado y la carne.

Estaban los arquitectos, que se dedicaban a mejorar las condiciones de la cueva para aprovechar el calor del fuego y a arreglar la humedad construyendo aislantes con paja y yeso. Pok aprendió de ellos cómo trabajar con esos materiales y el pequeño cavernícola les enseñó a hacer murallas para proteger mejor la cueva del viento y la lluvia. Entre todos descubrieron como transportar cosas pesadas de un lado a otro, utilizando unas piezas redondas a las que llamaron ruedas. 
En agradecimiento, los arquitectos le regalaron a Pok las semillas de una planta que hacía que la piedra más dura pudiese ser modelada como el barro.

Otro grupo eran los protectores y creadores del fuego, que sabían cómo hacer fuego de varias formas y lo vigilaban para que mantuviese el calor de la cueva. También se encargaban de buscar los materiales para hacerlo y mantenerlo, las piedras, la madera y la hierba seca. Pok aprendió de ellos su técnica y les enseñó otras que había visto a otros pueblos. 
Para darle las gracias, le regalaron a Pok un colgante con dos piedras, una de magnesio y otra de carbón, ideales para hacer fuego en cualquier ocasión.

Y por supuesto, estaban los artistas, encargados de decorar la cueva con dibujos de animales y de escenas de caza, adornar la piel de los cavernícolas con bonitos colores, inventar bailes y músicas y entretener a la tribu con todo tipo de juegos. También se encargaban de buscar los pigmentos a partir de la naturaleza, a partir de las plantas y animales. Pok aprendió de ellos la belleza que se puede contemplar con el arte, las mezclas y los materiales que usaban para hacer los colores. Pok les enseñó cómo crear pinceles con pelo de animal para hacer pinturas más bonitas y a realizar figuras con barro cocido o de piedra tallada. 
En agradecimiento, tatuaron la piel de Pok con los colores de la tribu y le dieron las semillas de las plantas y frutas que usaban para hacer los colores.

Durante un mes entero, Pok aprendió muchísimas cosas de la tribu pero, sobre todo, aprendió que una tribu es mucho más que un grupo de personas que viven juntas, una tribu significa palabras como familia, compañerismo, amistad, amor y colaboración. Así que, al día siguiente, decidió marcharse. Después de despedirse de todos, emprendió un nuevo camino, que todos sus nuevos amigos podrían seguir, ya que Pok fue plantando cada 400 pasos una de las semillas que le habían regalado, dibujando su ruta en las paredes y escondiendo víveres y provisiones en cada cueva en la que dormía.

De este modo, cualquiera podría seguir los pasos de Pok en el futuro y tener lo necesario para poder llegar a encontrarlo.

Aunque Pok se hubiese marchado de la cueva de la tribu, cada uno de ellos sabía que el pequeño cavernícola es y sería siempre miembro de la tribu y en su corazón los guardaría a todos como sus amigos, sus compañeros… su familia.

A las clases de Educación Infantil del C.E.I.P. de Prácticas, en especial, la de 6º de Infantil.
Gracias por hacerme sentir durante un mes parte de vuestra tribu.


lunes, 20 de octubre de 2014

NATILLAS

Los murmullos antes de empezar la clase eran algo normal pero hoy, la curiosidad navegaba por las cabezas de los alumnos del aula de Primaria como un barco de corcho siguiendo la corriente del río hasta el mar...

Sonrisas pícaras y cuchicheos se mezclaban con miradas de complicidad de los alumnos al ver que el profesor, de espaldas, terminaba de preparar todo lo necesario para comenzar a impartir su clase, esperando el momento exacto porque, para que la magia funcione de verdad, hay que saber cuándo se tiene que hacer...

- ¡Buenos días a todos! Esta mañana, antes de que llegaseis a clase, he preparado esto. ¿Alguien sabe que es? - dijo el profesor mientras se colocaba un gorro de cocinero, mostrándoles a los niños y niñas un recipiente con una crema amarillenta, un poco espesa.

- Yo creo que sé lo que es - Dijo Amalia desde su silla, en la mitad de la clase. - Son natillas. Mi mamá me las hace alguna vez. ¡Están muy ricas!

El resto de los niños y niñas soltaron un sonido de aprobación, como si las estuviesen saboreando... 


¡mmmmmmmmmm, natillas!


- Muy bien Amalia, esto que veis son natillas. Un postre que se hace con leche, huevos, azúcar, harina y corteza de limón. 

Pero veréis, tengo un problema. Quiero que estas natillas se vuelvan mágicas, especiales y para eso necesito vuestra ayuda.


El profesor sacó una caja de cartón de debajo de la mesa y empezó a sacar botes pequeños y bolsas de plástico precintadas.

- Necesito que cada uno de vosotros hagáis vuestras natillas especiales, que personalicéis las natillas. Quiero que cada recipiente de natillas tenga un poco de vosotros.

- ¿Y cómo vamos a hacer eso? - Preguntó Miguel desde el fondo de la clase, intrigado.

- Estos botes pequeños que tengo aquí son colorantes. Vais a poder pintar vuestras natillas del color que más os guste. 

Estas bolsas tienen todo lo necesario para que podáis decorarlas. Y en este recipiente tenéis otros ingredientes por si queréis cambiarle un poco el sabor. 

¿Estáis preparados para hacer magia?


- ¡¡¡¡¡Siiiii!!!! - Respondieron todos entusiasmados.

El profesor fue dando a cada uno dos recipientes, uno para trabajar la mezcla y otro para presentarla cuando estuviese lista. Colocó la caja con los colorantes, sabores y decoraciones en el medio del aula, para que cada uno de ellos pudiese elegir con cuales iba a trabajar.

- Muy bien, estamos listos. ¡Que empiece el espectáculo!

Los niños y niñas fueron acercándose a la caja, tímidos, como si algo fuese a pasar por acercarse a ella. Nadie metía la mano, sólo miraban. Nadie se atrevía a dar el primer paso.

- Pues a mi me gusta este color, el azul - dijo Andrés, decidido. Alargó su brazo y cogió el bote de colorante. Se giró hacia el profesor, que lo observaba y preguntó:

- Este es azul, ¿verdad?

- Si, Andrés, ese es el bote azul - Contestó el profesor.

- ¡Gracias! - replicó - Es justo el que quería. Se marchó a su sitio y puso un poco de colorante en sus natillas mientras el resto lo miraban, paralizados.

- ¡Mirad, mirad! ¡Son azules! - Exclamó Andrés enseñando sus natillas al resto, orgulloso de su mezcla.

- ¡Ohhhhh! - Exclamó el resto de la clase.

- Venga chicos, ahora os toca a los demás. - animó el profesor al resto.

Perdida la timidez, cada uno se puso a buscar los ingredientes de su mezcla. Casi nadie hablaba, estaban demasiado ocupados discurriendo la mezcla mágica que iban a crear. 


Los minutos pasaban deprisa mientras los pequeños reposteros se dedicaban con empeño a su trabajo.

Poco a poco, fueron acabando sus natillas, que iban colocando en una mesa redonda que el profesor había colocado. Una vez que todas las natillas estaban colocadas y la clase quedó limpia y recogida, se sentaron todos en la mesa redonda, mirando el resultado de su trabajo y el de sus compañeros, fascinados.

- ¡Muy bien, niños y niñas! ¡Habéis hecho un trabajo excepcional! ¡Estoy muy orgulloso de todos vosotros!
Ahora que ya hemos acabado todos, quería hablaros de las natillas. 

Como podéis ver, todas son diferentes. Las de María son de color rosa y están decoradas con corazones de caramelo blancos. Las de Amalia son verdes y tienen menta, las de Yuseff son moradas y tienen polvo de canela y cacao. Li Zhi hizo las suyas con sabor a vainilla y tienen corteza de naranja. Las de Andrés son azules y tienen chocolate con leche y chocolate blanco - una a una fue presentado las mezclas de cada uno de sus alumnos. 

Estas son las mías. Yo no les he hecho nada. Es una mezcla sin mezcla. 

Lo que quería explicaros es que, a pesar de las apariencias, de las diferencias que hay entre unas y otras, de la impresión que nos puede dar al principio. Todas tienen algo en común. Hay en algo que se parecen. ¿Sabéis que es?


Los niños y niñas se miraron unos a otros, como buscando una respuesta en el aire....
El profesor se levanto y llamo a varios de ellos para que se sentasen a su lado, les tapó los ojos con una venda y tomó varias cucharas, dándoles a probar de las diferentes preparaciones que habían hecho.

- ¿Y ahora, sabéis decirme en que se parecen?

- Que todas son natillas - respondió Youseff.

- Que todas son natillas - repitió el profesor. 

Pues veréis, lo mismo pasa con nosotros. A simple vista, todos somos diferentes, hablamos diferente, vestimos diferente, tenemos una familia diferente, nos gustan cosas diferentes... Pero en el fondo, aunque nos cueste verlo al principio, todos somos lo mismo, todos somos iguales, todos somos...


¡¡NATILLAS!!




A los chicos y chicas de la Asociación Agarimo, con los que pude hacer realidad este cuento y hacerles ver que las diferencias son sinónimo de riqueza y no de conflicto. Estáis siempre en mis pensamientos por lo que me habéis dado todos esos días.
Gracias Martin por la ayuda en el cambio de look del blog!!

sábado, 23 de agosto de 2014

LA MUSA DIFUSA

Cada día, antes de que el sol despierte por el horizonte con bostezos de luz y calor, resuenan en el suelo de la habitación de la cantante pequeños pasitos de hada.

Suenan como ratones correteando por la madera del desván aunque, cada vez, a un compás diferente, binarios, ternarios y cuaternarios.

Merche, la cantante, aún duerme, por lo que el hada, su musa difusa en el sueño, le susurra al oído sonidos en diferentes tonos:

Primero tamborilea las paredes del cajón de la cómoda, con tonos graves:
¡TOC TOC TOC!

Luego  roza sus alas con las conchas de la playa de las sirenas que descansan en un florero de color salmón, produciendo tonos medios:
¡CRAC CRAC CRAC!

Por último, se acerca a la ventana y hace sonar las campanillas que cuelgan con dos alfileres de cabeza de cristal, produciendo tonos agudos:
¡TIN TIN TIN!

Pero este sonido hace que la cantante se duerma más profundamente por lo que su musa difusa necesita cambiar sus sonidos inspiradores a diferente intensidad:

Primero los sonidos son suaves, para que el cantante pueda pasar del sueño a la vigilia lentamente, sin olvidar lo que la musa difusa le susurra, como si las dos bailasen una danza sobre las nubes, dejándose llevar por la brisa desde el mar hacia la costa.

A continuación la musa sube la intensidad, produciendo sonidos débiles, iguales que el sonido de las olas golpeando el casco de las barcas amarradas a la costa, mientras la cantante camina por el muelle de la mano de su musa hacia las montañas.

Al final, para despertarla del todo, toca sonidos fuertes, igual que el sonido del trueno en las noches de tormenta retumbando en las cuevas de las montañas.

Merche se despereza y sonríe. Abre muy despacio los ojos intentando esquivar los rayos de sol que juegan al gato y al ratón con las cortinas del dormitorio.

Sabe que su musa ha cuidado de su sueño porque en su cabeza siguen revoloteando como mariposas sonidos de las nuevas canciones que va a componer.

Coge su guitarra, nerviosa. Toma aire y susurra:

- Quiero hacer canciones para alegrar mi vida y la de todo el mundo. Quiero cantar al amor, a la felicidad, a la amistad y a las pequeñas locuras de cada día.
Quiero inventar una nueva palabra:

LA FELICIMÚSICA
¿Me ayudas?


A todos los que, con vuestro trabajo, hacéis que vuestra vida y la de los que os rodean sea, aunque sólo sea por un momento, más feliz.
A Merche Corisco, por darme un ejemplo de lo bueno que es hacer algo que te gusta y buscar tu sitio en el mundo haciéndolo.

viernes, 8 de agosto de 2014

SER NIÑO OTRA VEZ

Si alguna vez se me concede un deseo, sólo uno. Si tengo la suerte de encontrar un trébol de cuatro hojas o se me apareciese un gnomo verde, o quizás mi hada madrina, si un día encontrase la lámpara de Aladino....
Si alguna de esas cosas sucediese, quisiera, aunque fuese sólo por un día, volver a ser niño otra vez.

Ser niño otra vez para volver a pensar que mi mami es una princesa con vestido de lunares, un mar de mimos inagotable, una loca divertida, capaz de hacer de cualquier cosa, un juego.

Ser niño otra vez para ver a mi papi como la persona más fuerte del mundo, con la que me siento seguro y a salvo, una fuente de vivencias y conocimientos de todo tipo, un tiburón azul vegetariano en el océano de gente pez en el que vivo.

Ser niño otra vez para imaginar que sí tomas agua en cuchara se vuelve limonada y la alarma para saber que estás limpio en la bañera son las arrugas que se forman en las yemas de los dedos de manos y pies .

Ser niño otra vez para saber que los palitos de las ramas que caen de los árboles son llaves que abren las cerraduras y los candados de los cofres que guardan los tesoros de los parques.

Ser niño otra vez para poder hacerme invisible siempre que quiera, y asustar a la abuela y al abuelo rugiendo como un león o un tigre, de esos que aparecen en los libros que cada día miro y vuelvo a mirar con tanto entusiasmo antes de cenar.

Ser niño para poder jugar con todo y para hacer de todo un juego. Descubrir lo que hacen los mayores e imitarlos más tarde. Probarme a mi mismo que soy capaz de hacer lo que otros creen que no puedo.

Ser niño para poder sentir todos los tipos de amor que hay en el mundo. El amor de tu familia, el de tus amigos, el correspondido y el ignorado, el consciente y el que sorprende. Conocer el sabor del primer beso, sentir mi corazón palpitando, notar cómo mis labios esbozan una sonrisa cada vez que pienso en mi amor. Sentirme más vivo cuando me coge de la mano y me mira, sentirme desgraciado cuando está lejos.

Ser niño para mirar a las personas y sólo ver personas, no etiquetas ni prejuicios. Tener siempre ganas de abrazar a todo el mundo, aunque necesite cinco minutos para no sentir vergüenza antes de hacerlo.

Pero aunque ser niño otra vez sería genial, pensándolo mejor, creo que no es exactamente lo que quiero, porque todas esas cosas yo ya las he vivido. Lo que deseo con todas mis fuerzas es que tú, mi pequeño, las vivas como yo lo he hecho antes y me tengas a mi a tu lado para acompañarte en este viaje que es la vida.

¡¡¡ Bienvenido al mundo, hijo mío !!!

Esta historia quiero dedicársela a todas esas personas que siguen guardando en su interior un trocito de "vamos a jugar a saltar en los charcos". Vosotros sois los que hacéis esta vida más divertida.
¡GRACIAS!

martes, 17 de junio de 2014

LA ENFERMEDAD (esa cosa dulce y loca)

- Mami, no me encuentro bien... 
- ¿Que te pasa? 
- Creo que estoy enfermo. 

- ¿Por que piensas eso? 
- Me siento raro... 
- A ver mi vida, dime. ¿Que te duele? 
- No, no me duele nada...

- Entonces, ¿que sientes? 
- Hoy en el cole sentía que las piernas no me hacían caso, como cuando tuve tanta "fibre" y parecía que acababa de bajar del tiovivo, ¿te acuerdas? 

- Si, me acuerdo de ese día que te subió tanto la fiebre. 
Esa sensación se llama estar mareado. ¿Y te sientes ahora así? 
- Si, pero no tanto. Ahora lo que noto es que me cuesta respirar, porque tengo que coger mucho aire y soltarlo de golpe... 

- Eso, mi niño, se llama suspirar. 
- Pues eso, que tengo que suspirar mucho. Además, noto la barriga revuelta, como si me hubiese comido todas las chuches del bote... 

- ¿Pero eso no lo has hecho, verdad? 
- No mami, no he probado ni una. No me apetecen. Es como si tuviese el estómago lleno de hormigas jugando a saltar la comba. Pero no sólo eso, cuando pasa un rato noto que lo tengo vacío y solo puedo llenarlo "suspirrando". 
- Se dice suspirar, ratón. 
- Bueno, eso, suspirando.

- ¿Y desde cuando te sientes así? 
- Mmmm, creo que desde que empezamos el cole... 
- Oh, ya veo...  ¿Y no se te pasa? 
- Pues... Si que se me pasa, pero es raro. 

- ¿Raro? ¿Que quieres decir con raro? 
- Es raro porque no necesito comer ni beber, ni tomar jarabe ni ponerme un termómetro. Sólo se me pasa cuando juego con Laura a papás y a mamás. Cuando ella me habla, me abraza, todo eso se me va y tengo ganas de saltar, sonrío sin poder evitarlo.... Y después me paso el resto del tiempo embobado, mirando para cualquier sitio.

- ¡Vaya! , pues si que te ha dado fuerte.... 
- Mami, ¿sabes que me pasa? 

- Claro que si, cariño. Algunos lo llaman esa cosa "dulce y loca"... 
Lo que te pasa es, sencillamente, que estás enamorado. 
Laura es tu primer amor.

- ¿Y qué puedo hacer? 
- Nadie sabe la cura para esa enfermedad ni cómo hacer para que se te pase sola... 
Lo único que puedo darte es un consejo. ¿Quieres que te lo diga? 
- Si, mami. ¡¡¡Quiero saberlo!!!

- Muy bien. Mañana, cuando vayas al cole y juegues con Laura, acércate a ella y dile cómo te sientes, dile que la quieres. 

-Pero mami, ¿Qué me va a contestar? 
- Eso nunca se sabe, todo o nada. Pero si tú no se lo dices, siempre vas a tener la duda....


¡¡¡VENGA  VALIENTE !!!




A todos los que habéis sentido esa cosa dulce y loca llamada amor, que esta historia os sirva para recordarlo con una sonrisa en los labios....
A aquellos que aún no lo hayáis experimentado, que sepáis que tarde o temprano ocurrirá. Vosotros podéis decidir que hacer cuando pase.... 

 
Mira la vida como vuelve y te sorprende.... 

martes, 22 de abril de 2014

LAILA

Cuenta la leyenda que hay una doncella que tiene un trabajo muy particular, cuidar de los sueños de la gente, sobre todo de los niños y niñas...

Dicen las historias que una noche, hace mucho tiempo, una mujer paseaba con su hija y su marido  bajo las estrellas. Decidieron descansar en un claro, acostados mirando como los peces de la constelación de Piscis nadaban a lo largo del mar del firmamento.

La mujer se quedó profundamente dormida, respirando el olor a hierba fresca que los campos desprendían como fuentes naturales de fragancia fresca, sin saber que ese aroma que la hierba liberaba era el encargado de adormecer a los ruidosos grillos que por las noches desvelaban a las criaturas más ancianas de la arboleda.

Cuando se despertó, una niebla blanca y espesa lo cubría todo. No era capaz de ver ni a su hija ni a su compañero. Buscó y buscó por todos los lugares, angustiada y nerviosa, dejó que el miedo trepase por sus piernas hasta llegar a su corazón, lo que hizo que la mujer no encontrase nunca a sus seres queridos ni el camino de vuelta a casa. Estaba tan triste que, llegando casi el amanecer, huyó del sol y se acercó a la luna, susurrándole al oído su petición:

- ¡Quiero vivir contigo en la noche!

La Luna, testigo del acontecimiento, concedió a la mujer su deseo.

- Vivirás conmigo en la noche pero, a cambio, tendrás que trabajar para mi. A partir de ahora te llamarás Laila, y te encargarás de cuidar los sueños de la gente, vivirás para que los demás, al dormir, sueñen cosas tan bonitas como tus días anteriores al de hoy. Sólo podrás dejar este trabajo cuando vuelvas a encontrar a tu familia en sus sueños, mientras tanto, 

Laila aceptó sin pensarlo, a toda prisa, sin tener en cuenta que no iba a ser la única cuidadora de los sueños de la gente, se necesitan muchos cuidadores para cuidar los sueños de todo el mundo. Además, que pudiese encontrar a su familia no iba a depender de ella, dependía de la luna y sobre todo de que su familia nunca se olvidase de ella, soñase con ella por las noches, mantuviese su recuerdo vivo.

Con el tiempo y la espera, sus ojos se llenaron de las lágrimas de los niños que se despiertan por las noches y se volvieron azules turquesa y su pelo se volvió dorado como los primeros rayos de sol que ves al despertarte. Su piel es blanca brillante como la de la luna llena en las noches de verano y sus dedos tejen cada atardecer las historias que los niños y niñas sueñan cada vez que cierran los ojos por las noches. Se alimenta de las sonrisas que desprenden los más pequeños cuando piensan en sus dulces preferidos o en los juegos que les divierten. Trabaja cada noche sin descanso, esperando que en una de ellas pueda volver con su familia y ser feliz otra vez, desincrustando el miedo que le atrapa cada día un poco más su pobre corazón.

Ahora que ya sabes la historia quizás, entre todos, podamos ayudar a la pobre Laila, que un día dejó entrar al miedo en su corazón y paga ese momento día tras día. 

No sabes cómo ayudarla ¿verdad? Yo te lo voy a contar.

Un minuto antes de dormir piensa en la historia de Laila. A lo mejor, por arte de magia, tus sueños y los de su familia se unen, haciendo de hilo conductor entre Laila y su familia. Si eso ocurriese, Laila sería libre y se quedaría siempre al lado de sus seres queridos.
Ya sé que estarás pensando que la Luna es muy lista y que es una posibilidad muy remota pero....

¿QUÉ PUEDES PERDER POR INTENTARLO?





Sé que un día de esta pequeña historia saldrá una grande por capítulos... 
Está dedicada a todas las personas que un día dejaron pasar al miedo y también a las que os sentís o os habéis sentido criaturas de la noche.